Capitulo 3




ETIAMSI OMNES

Una mañana del mes de Mayo de 1852, es decir, cuatro años después de la escena que acabamos de reseñar, cierto amigo nuestro (el mismo que nos ha referido la presente historia) paró su caballo a la puerta de una antigua casa con honores de palacio, situada en la Carrera de San Francisco de la villa y corte; entregó las bridas al lacayo que lo acompañaba, y preguntó al levitón animado que le salió al encuentro en el portal:

—¿Está en su oficina D. Jorge de Córdoba?

¡Arre, mula!
¡Arre, mula!

—El caballero—dijo en asturiano la interrogada pieza de paño—pregunta, a lo que imagino, por el excelentísimo señor Marqués de los Tomillares...

—¿Cómo así? ¿Mi querido Jorge es ya Marqués?—replicó el apeado jinete.—¿Murió al fin el bueno de don Álvaro? ¡No extrañe usted que lo ignorase, pues anoche llegué a Madrid, después de año y medio de ausencia!...

—El señor marqués don Álvaro—dijo solemnemente el servidor, quitándose la galoneada tartera que llevaba por gorra—falleció hace ocho meses, dejando por único y universal heredero a su señor primo y antiguo Contador de esta casa, don Jorge de Córdoba, actual Marqués de los Tomillares...

—Pues bien: hágame usted el favor de avisar que le pasen recado de que aquí está su amigo T...

—Suba el caballero... En la biblioteca lo encontrará. Su Excelencia no gusta de que le anunciemos las visitas, sino de que dejemos entrar a todo el mundo como a Pedro por su casa.

—Afortunadamente...—exclamó para sí el visitante, subiendo la escalera—yo me sé de memoria la casa, aunque no me llamo Pedro... ¡Conque en la biblioteca!..., ¿eh? ¡Quién había de decir que el Capitán Veneno se metiese a sabio!

Recorrido que hubo aquella persona varias habitaciones, encontrando al paso a nuevos sirvientes que se limitaban a repetirle: El señor está en la biblioteca..., llegó al fin a la historiada puerta de tal aposento, la abrió de pronto, y quedó estupefacto al ver el grupo que se ofreció ante su vista.

En medio de la estancia hallábase un hombre puesto a cuatro pies sobre la alfombra: encima de él estaba montado un niño como de tres años, espoleándole con los talones, y otro niño como de año y medio, colocado delante de su despeinada cabeza, le tiraba de la corbata, como de un ronzal, diciéndole borrosamente:

—¡Arre, mula! 



La sabiduría de cada día
En el 1600s, Balthasar Gracian, un sacerdote jesuita, escribió 300 aforismos sobre la vida vivo que se llama "El arte de la sabiduría mundana." Únete a nuestro boletín de noticias y leerlas una por una. Sólo en Inglés.
Email:
Soneto de un día
Shakespeare escribió 150 sonetos, leerlos todos de uno en uno. Sólo en Inglés.
Email: