Pedro Antonio de Alarcón


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Pedro Antonio Joaquín Melitón de Alarcón y Ariza, novelista español (Guadix, Granada, 10 de marzo de 1833 – Valdemoro, Madrid, 19 de julio de 1891). Perteneció al movimiento realista. Se trata de uno de los más destacados autores de este movimiento, uno de los artífices del fin de la prosa romántica. 

Pedro Antonio de Alarcón nació en Guadix en la provincia de Granada, el 10 de marzo de 1833, la cuarta de diez hijos de una familia antigua y noble, cuya fortuna se había perdido en las guerras de la época napoleónica y los trastornos que había seguido . Su padre lo destinaba para la barra, y después de alcanzar el bachillerato a la edad de catorce años, en el Seminario de Guadix, fue a Granada para comenzar sus estudios profesionales, sólo para ser recordado por la res angusta domi a su casa, donde forzosamente intercambió la jurisprudencia para la teología, y comenzó la preparación para el sacerdocio.

El corazón del niño no estaba en sus estudios profesionales, y sus esfuerzos fueron entregados a otros asuntos, sino que aprendió francés e italiano, comenzó a escribir, y formó el proyecto de ir a Madrid, a configurar como un hombre de letras. Sus padres se negaron a apoyarlo en esta ambición, pero persistió Alarcón. A través de Torcuato Tárrago, un joven escritor en ese tiempo viviendo en Guadix, fue presentado a un editor de Cádiz, que llevó a cabo la emisión de una revista semanal, El Eco de Occidente, que iba a aparecer en Cádiz y Granada, y cuya redacción literaria fue que se encargará a los dos jóvenes. La vi de riesgo se ha realizado correctamente. Después de tres años de trabajo de los ahorros parecía suficiente, y en el 18 de enero de 1853, Alarcón se fue de casa.

Primero fue a Cádiz, donde ha dado a su atención a las cuestiones relativas a la revista, y un mes más tarde llegó a Madrid, sin introducción o amigos, pero con un poco de dinero y con un fajo buena cantidad de versos, en particular, una continuación ambicioso de Espronceda Diablo Mundo, todos los cuales quemó, después de muchas entrevistas de los editores. En resumen, no se llevaba bien en todos en la capital, y cuando el dinero se había ido y las cáscaras se agria, hizo suya la costumbre inmemorial del hijo pródigo, y volvió a casa de su padre. Una completa reconciliación siguió a su regreso. Él se había elaborado para el servicio militar: su padre compró su liberación, y le dio permiso para vivir en Granada, donde renovó su relación con el Eco de Occidente. En Granada también se encontró con la sociedad literaria agradable, y el año pasado no fue uno de los beneficios para sí mismo y de éxito para su revista, en cuya gestión tenía una influencia cada vez mayor y parte.

Su mezcla por primera vez en la política fue en 1854, cuando tomó parte abierta y activa en la rebelión que culminó en el motín de Vicálvaro (del 30 de junio), distinguiéndose por su ruidosa y el radicalismo militante, y la obtención de la mala voluntad de muchos de los elementos cuyo favor, en su vida posterior, encontró prudente para ganar-el clero, el ejército, la milicia nacional. Antes de que finalice el año en que se encontraba en Madrid, donde se convirtió en el director de El Látigo, el más extremo de los periódicos anti-realista. Este vii conexión terminó con un duelo, y Alarcón dejó la política por el momento, y se retiró a Segovia, para restablecer la salud quebrantada por la vida irregular, y escribir. El final de Norma era la obra más ambiciosa que la data de esta época, con un gran número de historias cortas y artículos diversos publicados en diversas revistas, todo lo cual le trajo una gran reputación en toda España. En 1856 visitó París y "escribió" la exposición de ese año para la prensa española. A finales de 1857 hizo su aparición en el teatro del Circo de Madrid, con su único juego, El Hijo Prodigo. El estreno fue tumultuariamente éxito, pero las críticas fueron contra el autor, cuya personalidad parece haber sido un factor importante en la materia, y la pieza fue retirada en breve. En 1859 Alarcón ofreció como voluntario para la campaña en Marruecos, y después de hacer un excelente servicio, fue dado de baja honorablemente en abril de 1860, cuando regresó a España. El fruto de esta experiencia militar fue el Diario de un testigo de la Guerra de África, que es de sus mejores trabajos. El libro fue sumamente exitosa comercialmente, y las ganancias del autor le permitió viajar por Francia, Suiza e Italia, cuya historia se cuenta en De Madrid a Nápoles, dos volúmenes de observación muy aguda y el valor literario superior. (Agosto de 1860 y febrero de 1861).

Desde este momento hasta 1873 Alarcón se dedicó a una vida política activa, en cuyos detalles no tenemos que seguirlo. Fue diputado de la mayor parte del tiempo de Guadix, y fue destacado como un escritor de la Época, entonces como ahora el primer periódico conservador de España, y más tarde como uno de los fundadores y editores de La Política. Tuvo un éxito viii mucho, y se nos dice que sólo los sentimientos de delicadeza personal se interponía entre él y la celebración de al menos una cartera ministerial. En 1866 fue uno de los firmantes de una protesta célebre de los diputados unionistas, y era digno de ser enviado al exilio por un tiempo, y después se les prohibió vivir en Madrid. En 1863 murió su padre, y en 1866 se casó en Granada con doña Paulina Contreras y Reyes.

Desde 1873 hasta su muerte, 18 de julio de 1891, vivió principalmente en Madrid, hasta 1888 teniendo un papel importante en la vida literaria, y no sin cierta mezcla en los asuntos públicos. En 1875, como uno de los primeros partidarios de la restauración alfonsina, fue nombrado consejero de Estado, y el 15 de diciembre del mismo año fue elegido miembro de la Academia Española, en el que se sentó cerca de un año después. Su pluma era muy activa. El Sombrero de Tres Picos, El Escándalo, El Niño de la Bola, La Pródiga, El Capitán Veneno, son de este período final, que se abrió con La Alpujarra. Le dio tiempo también a la revisión, selección, y destruyendo, a qué proceso se debe la percepción definitiva de las obras cuenta a continuación. En 1887 comenzó sus poderes notablemente al fracaso. En 1888 hubo un primer ataque hemiplejia, luego le siguieron otros en diciembre de 1889, y febrero de 1890, y la última en julio de 1891.



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