Salen IZUF, SILVIA, y ZARA, y un MORO.
IZUF.
Dexad, Silvia, el llanto ahora,
Poned tregua al ansia brava,
Que no os compré para esclava,
Sino para ser señora.
Mira que imagino y creo
Que vuestra gran desventura,
Para daros mas ventura
Ha traido este rodeo.
Con vos fortuna en su ley
No usa de nuevas leyes,
Que esclavos se han visto reyes,
Pero vos sois mas que rey.
Limpiad ya esos bellos ojos
Que sujetan quanto miran,
Y al tiempo que se retiran,
De alma llevan los despojos.
Y no cubra el blanco velo
Esa divina hermosura,
Que es como la nieve pura.
Que impide la luz del cielo.
SILVIA.
Esme ya tan natural,
Señor, el llanto y tormento,
Que si me dexa un momento,
Lo tengo por mayor mal;
Aunque sí estoi y estaré
Alegre al obedeceros,
Pues distes tantos dineros
Por mí, sin saber por que.
Porque os prometo, señor,
Que de miseria y pobreza
Tengo quanto de riqueza,
Si la riqueza es dolor.
Y de dolor soi tan rica,
Quanto por darme pasion
Este caudal, la ocasion
Por puntos le multiplica.
IZUF.
Silvia, vives engañada,
Que yo no quiero de tí,
Sino que quieras de mí
Ser servida y regalada.
Que el provecho que yo espero,
Silvia, de haverte comprado,
Es ver tu rostro estremado,
Y no doblar el dinero.
Que el amor que se mejora
En mostrar su fuerza brava,
Me ha hecho esclavo de esclava,
Esclava que es mi señora.
Y quedo tan satisfecho
De perder la libertad,
Que alabo la crueldad
Deste crudo y nuevo pecho.
Y porque lo que aqui digo
Lo entiendas, Silvia, mejor,
Nunca me llames señor,
Sino siervo ó caro amigo.
SILVIA.
Aunque tamaña mudanza
Ha hecho el cielo en mi estado,
No entiendas se me ha olvidado
El termino de crianza.
Bien sé como he de llamarte,
Y sé que es de obligacion,
Que en lo que fuere razon,
Procure de contentarte.
IZUF.
Tu habla tan comedida,
Tu donaire, y gracia, y ser
Claro me dá á entender
Que eres, Silvia, bien nacida.
Y aunque pudiera esperar
De tí un rescate crecido,
A tal termino he venido,
Que tu me has de rescatar.
Mas entanto que á la clara
Veas quanto hago por tí,
Ven, Silvia, vente tras mí,
Verás á tu ama Zara.
SILVIA.
Vamos, señor, en buena hora.
IZUF.
Silvia, no tanto señor,
Pues la ventura y amor
Os ha hecho á vos mi señora.
ZARA.
Seais, Izuf, bien llegado:
Cuya es la esclava?
IZUF.
Mia.
SILVIA.
Vuestra soi, señora mia.
IZUF.
Vuestra es, yo la he comprado.
ZARA.
Por cierto la compra es bella,
Si qual hermosa, es honesta.
Decid, señor, quanto cuesta?
IZUF.
Dado he mil doblas por ella.
ZARA.
Espera ser rescatada?
IZUF.
De muy rica tiene fama.
ZARA.
Su nombre?
IZUF.
Silvia se llama.
ZARA.
Es doncella, ó es casada?
SILVIA.
Casada soy, y doncella.
ZARA.
Cómo es eso, Silvia, dí?
SILVIA.
Señora, ello es ansi,
Que ansi lo quiso mi estrella.
El cielo me dió marido
No para que le gozase,
Sino para que quedase
Yo perdida, y él perdido.
MORO.
Izuf, á llamar te invia
El Rey apriesa nuestro Azan.
IZUF.
Dónde está?
MORO.
En el Duan,
Metido en grande agonia.
Amés, Xemí, Zaragá,
Y los Balucos Baxies,
Y todos los Debaxies,
Y el Daxés están allá.
Hanse juntado á consejo
Sobre que se ha averiguado
Que el Rey de España ha juntado
De guerra grande aparejo.
Dicen que va á Portugal,
Mas temese no sea maña,
Y es bien que tema su saña
Argel, que le hace mas mal.
En la guerra hay mil ensayos,
De fraudes y astucias llenos,
Acullá suenan los truenos,
Aca disparan los rayos.
IZUF.
Vamos, que el cielo que toma
Por suya nuestra defensa,
A España hará con su ofensa
Sujeta y sierva á Mahoma.
Y vos, señora, ordenad
A Silvia lo que ha de hacer;
Y vos, Silvia, á su querer
Sujetad la voluntad.
ZARA.
Cristiana, de donde eres?
Eres pobre, ó eres rica?
De suerte ensalzada ó chica?
No me lo niegues, si quieres;
Porque soi qual tú muger,
Y no de entrañas tan duras,
Que tus tristes desventuras
No me hayan de enternecer.
SILVIA.
Señora, soi de Granada,
Y de suerte ansi abatida,
Qual lo muestra el ser vendida,
Y á cada paso comprada.
Dicen que fui rica un tiempo,
Pero toda mi riqueza
Se ha vuelto en mayor pobreza,
Y ha pasado con el tiempo.
ZARA.
Has algun tiempo tenido
Enamorado deseo?
SILVIA.
Al estado en que me veo
El crudo amor me ha traido.
ZARA.
Fuiste acaso bien querida?
SILVIA.
Fuilo, y quise con ventaja
Tal, que apenas la mortaja
Borrará fe tan subida.
ZARA.
Fuiste querida primero,
U empezó el amor de tí?
SILVIA.
Primero querida fui
Del que quise, querre, y quiero.
ZARA.
Es mozo?
SILVIA.
Y aun gentilhombre.
ZARA.
Es cristiano?
SILVIA.
Pues qué moro?
No sale de su decoro
Quien ha de cristiano nombre.
ZARA.
Y es pecado querer bien
A un moro?
SILVIA.
Yo no sé nada,
Sé que es cosa reprobada,
Y á cristianos no está bien.
ZARA.
Y querer mora á cristiano?
SILVIA.
Eso tú mejor lo entiendes.
ZARA.
Ay Silvia, como me ofendes
Y me lastimas temprano!
SILVIA.
Yo, mi señora, en qué suerte?
ZARA.
Escucha, y te lo diré,
Que escuchandome, bien sé
Que vendrás á enternecerte.
Has de saber, ó Silvia, que estos dias,
Partieron deste puerto con buen viento
Doce baxeles de cosarios todos,
Y con prospero viento caminaron,
A vuelta de las islas de Cerdeña,
Y alli en las calas, vueltas y revueltas,
Y puntas que la mar hace y revuelve,
Se fueron á esconder, estando alerta
De algun baxel de Genova, ó España,
O de otra nacion, que no fuese Francesa:
Y presto un bravo viento se levanta
Que Maestral se llama, cuya furia
Dicen los marineros que es tan grande,
Que las tupidas velas y las jarcias
Del mas recio navio y mas armado
No pueden resistirle, y es forzoso
Acudir al abrigo mas cercano,
Si su rigor acaso lo concede.
Las levantadas olas y el ruido
Del atrevido viento detenia
Los cosarios baxeles en los cabos,
Sin dexarles salir al mar á viento,
Y en otra parte con furor insano
Mostrando su braveza fatigaba
Una galera de cristiana gente
Y de riquezas llena, que corriendo
Por el hinchado mar sin remo alguno
Venia á su alvedrio, temerosa
De ser sorbida de las bravas hondas;
Pero despues al cabo de tres dias
Del recio mar y viento contrastada,
Descubrió tierra, y fue el descubrimiento
De su mayor dolor y desventura,
Porque á la misma isla de San Pedro
Vino á parar, á donde recogidos
Estaban los baxeles enemigos,
Los quales, de la presa codiciosos,
Salen, y de ardor belico adornados
A la galera acometen destrozada,
Y de solos deseos defendida:
Una pelota pasa en el momento
Al Capitan el pecho, y á su lado
Del Lusitano fuerte muerto cae
Un caballero ilustre Valenciano.
El robo, las riquezas, los cautivos,
Que los turcos hallaron en el seno
De la triste galera, me ha contado
Un cristiano que alli perdió la dulce
Y amada libertad, para quitarla
A quien quiere rendirse á su rendido.
Y este cristiano, Silvia, este cristiano,
Este cristiano, Silvia, es quien me tiene
Fuera del ser que á moras es debido,
Fuera de mi contento y alegria,
Fuera de todo gusto, y estoi fuera,
Que es lo peor, de todo mi sentido.
Compróle mi marido, y está en casa,
Y puesto que con lagrimas y ruegos,
Con suspiros, ternezas, y con dadivas
Procuro de ablandar su duro pecho
Al mio, que contino es blanda cera,
El suyo se me muestra de diamante:
Ansi que, Silvia hermana, como has dicho
Que al cristiano no es licito dé gusto
En cosas del amor á mora alguna,
Tus razones me tienen ofendida,
Y con aquesas mismas se defiende
Aurelio, á quien ha hecho tan cristiano
El cielo para darme á mi la muerte.
SILVIA.
Aurelio, dices, que por nombre tiene
Ese cristiano?
ZARA.
Ansi se llama.
SILVIA.
La galera que dices segun creo
Se llamaba San Pablo, y era nueva,
De la sacra religion de Malta,
Yo en ella me perdi, y aun imagino
Que conozco á ese Aurelio, y es un mozo
De rostro grave, y de nacion Hispana.
ZARA.
Sin dubda has acertado, Silvia mia,
Quién es este enemigo de mi gloria?
Es caballero, ó rustico aldeano?
Que todo lo parece en su postura,
Y dura condicion, el talle ilustre
De la ciudad, la condicion del monte.
SILVIA.
A mí pobre escudero me parece,
Segun en la galera se trataba,
Que de su hacienda no sé mas, señora.
ZARA.
Ni yo sé que te diga, Silvia mia,
Sino que á tal estremo soi venida,
Que le tengo de amar sea quien se fuere;
Solo te ruego, que procures, Silvia,
De ablandar esta fiera tigre Hircana,
Y atraerle con dulces sentimientos
A que sienta la pena que padece
Esta misera esclava de su esclavo:
Y si esto, Silvia, haces, yo te juro
Por todo el Alcoran de buscar modo
Como con brevedad alegre vuelvas
Al patrio dulce suelo deseado.
SILVIA.
Dexa, señora, el cargo á Silvia dello,
Que tu verás lo que mi industria hace
Por gusto tuyo y por provecho mio.
| La sabiduría de cada día En el 1600s, Balthasar Gracian, un sacerdote jesuita, escribió 300 aforismos sobre la vida vivo que se llama "El arte de la sabiduría mundana." Únete a nuestro boletín de noticias y leerlas una por una. Sólo en Inglés. |
Soneto de un día Shakespeare escribió 150 sonetos, leerlos todos de uno en uno. Sólo en Inglés. |